El Pueblo
Aragüés es un pueblo que guarda el encanto con casonas o fuertes, que es el nombre que se les daba entonces, muchas de ellas incluso del siglo XVI.
Origen y cuna del Reino de Aragón, estos valles han permanecido a través de los tiempos arraigados a su dominio y privilegios reales ya que durante años tuvieron exenciones de tributos y les fueron concedidos títulos nobiliarios y permisos especiales para que otras zonas pudieran pastar en los Valles.
En sus calles, balcones y muros guardan un sabor popular y tradicional con casonas de tres alturas en su mayoría, en las que la planta baja servía de cuadra, la primera de cocina para hacer la vida y una tercera para habitaciones o granero.
Heráldicas, portones y fachadas combinan el estilo de la arquitectura popular de la zona, con grandes chimeneas y otros elementos que hoy sólo se encuentran aquí.
Fajinaderos, bordas y otras construcciones pastoriles aún se pueden encontrar a las afueras del pueblo. Aragüés tiene siete fuentes de las que merece la pena al menos beber sus aguas, alguna de éstas fueron en tiempos curativas, como el agua de la fuente del huevo,cuya agua sulfurosa era utilizada como reconstituyente por nuestras abuelas.
La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XVIII, el museo etnológico o ermita de San Pedro son dos de las señas de identidad de la cultura y religión del pueblo.
Son varios los talleres de fotografía rural que se han celebrado en el último año en el pueblo, ya que su encanto y singular imagen dan muestra y señas de identidad de una localidad que como pocas guarda todavía el encanto medieval.

